El Sistema Monetario Internacional
El Sistema Monetario Internacional es el marco institucional para efectuar pagos internacionales, acomodar los flujos internacionales de capital y determinar los tipos de cambio entre las diferentes monedas. Es un conjunto de acuerdos internacionales, instituciones, mecanismos, reglas y políticas necesarios para que funcione la economía global. La globalización ha intensificado los flujos internacionales de bienes, servicios y capitales, aumentando la necesidad de instituciones que los regulen y faciliten.
El sistema monetario internacional requiere de un alto grado de cooperación entre los gobiernos de los principales países para asegurar su funcionamiento. Éstos implica sacrificar parte de la soberanía nacional y subordinar algunos de los intereses nacionalistas por el bien común.
La convertibilidad de las monedas es muy importante para el comercio internacional y para la eficiencia económica. Sin ella, el comercio se limita a un simple trueque de mercancías. Por Lomelí tanto, los precios internos deben estar ligado se en cierta medida a los precios internacionales, ya que el no estarlo, el cálculo de rentabilidad de los proyectos de inversión resulta imposible.
La manera más común de cotizar el tipo de cambio es la cantidad de la moneda nacional necesaria para comprar un dólar estadounidense. El régimen cambiario es un conjunto de reglas que describen el papel que desempeña el Banco Central en la determinación del tipo de cambio. De acuerdo con El Fondo Monetario Internacional los regímenes cambiarios se clasifican en 8 categorías:
1) No existe moneda nacional legal.
2) Consejo monetario.
3) Moneda nacional pegada a una moneda o una canasta de monedas.
4) Moneda nacional pegada, pero dentro de bandas horizontales.
5) Tipo de cambio de ajuste gradual.
6) Tipo de cambio ajustable dentro de una banda.
7) Flotación administrada sin una ruta anunciada.
8) Flotación libre.
El tipo de cambio es fijo si el banco central establece su valor y después interviene en el mercado cambiario para mantenerlo. El tipo de cambio es flexible si el banco central no interviene en el mercado cambiario, permitiendo que el nivel del tipo de cambio se establezca a consecuencia del libre juego entre la oferta y la demanda de divisas.
El equilibrio interno se alcanza cuando el pleno empleo de los recursos de un país coexiste con la estabilidad de precios (pleno empleo y baja inflación). El equilibrio externo significa una posición sostenible de la cuenta corriente.
Durante la vigencia del patrón oro clásico los flujos internacionales de bienes y capitales eran relativamente libres. En éste período Londres era el centro financiero mundial, por lo que la libra esterlina se consideraba como el poder detrás del trono y al oro como el monarca anónimo. Cada país establecía el valor de su unidad monetaria en términos de oro por lo tanto, el tipo de cambio entre diferentes monedas reflejaban simplemente la proporción entre las cantidades de oro correspondientes a cada unidad monetaria.
Al subir el déficit en la balanza de pagos, la salida de oro hace que la base monetaria se reduzca, lo que deprime la actividad económica (recesión), reduce las importaciones y aumenta las exportaciones, contribuyendo así a una reducción del déficit en la balanza de pagos. Al subir el déficit en la balanza de pagos, el banco central restringe el crédito interno, lo que sube las tasas de interés y atrae el capital extranjero, contribuyendo así a una reducción del déficit en la balanza de pagos. Ésta es otra retroalimentación negativa generadora de equilibrio.
Un sistema monetario internacional debería proporcionar liquidez para acomodar el crecimiento económico y el intercambio comercial, así como mecanismos de ajuste para restablecer el equilibrio con un daño mínimo y confianza para evitar crisis financieras y flujos de capital no justificados por factores económicos.
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